Al influjo de la naciente población, que desde sus orígenes conoció de pócimas, potajes, ungüentos, cataplasmas, ventosas, sahumerios, tisanas, friegas, unturas, fomentos, epítemas y un sinnúmero de avatares rústicos y formas caseras de curas, menguas, sinálgicos, sanaciones, con administraciones de infusiones, lavativas, herbarios, yuyerío, emplastos, humos, salutíferos, secreciones animales y vegetales con ritos y ceremonias, vomitivos, cocimientos, sangrías, purgas, fórmulas y rogativas especiales, invocaciones y peregrinajes, tías y comadres con devaneos celestiales, tocamientos selectivos con poderes santurrones propios o infusos, administración de mejunjes y compuestos secretos con un rigorismo costumbrista infalible, Pocito tuvo en sus saludables inicios asistenciales como departamento y población aldeana original, una miscelánea de tónicos, sales, teses, elixires, antisépticos, píldoras, irrigaciones, depurativos, extractos, purgantes, bizmas, esparadrapos, revulsivos, triacas, bálsamos, pociones, tósigos, raspaduras, coloides, sinapismos, aloes, polvos, tinturas, potingues, julepes, filtros, bebedizos, magmas, sellos, obleas, fluidos, tricóferos, esencias, extractos, lisados, espíritu de vino, macerados, emulsiones y panaceas indiscutibles y admirables o bien graciosísimos a la luz del tiempo presente, pero que en su esencia resultan tan creíbles, eficaces o nocivos, como gran parte de la farmacoterapia actual con su modernismo seductivo y arrebatador de mentes y organismos, presos de una dependencia acaramelada, sugestiva y envolvente.
Sólo para refrendar el concepto mordaz y elocuente que avisa: si toda la farmacopea universal existente se arrojara al mar sería muy bueno para la especie humana y malísimo para los peces.
La intención y el envase de entonces eran bastos y genéricos, con el propósito honesto y bien sano, incluido el criterio del todo por hacer y la civilidad al tono sin antiguallas. Eran parte del herbolario: tallos, hojas, flores y raíces, paico, poleo, penca, ruda, salvia, casia, saúco; y en el aspecto mineral: cal, azufre, alumbre y cenizas. Elementos todos útiles de saludadoras, curanderos y remedieras.
Los primeros negocios establecidos fueron simples botiquines, o boticas complementarias de los almacenes o boliches pueblerinos, con los elementales productos expendidos a simple solicitud verbal, por conocencia de sus virtudes, por insinuación, indicación expresa del médico, el compadre, la vecina o el ilustrado boticario sin título ni rango habilitante. Sobresalen aún muchas personas, de las que el autor da fe y viven bien, que han sido sazonadas con estas conjunciones y formulismos, y gozado y sufrido sus efectos.
Es comprensible y agradable en grado sumo, saber del mundo de un ayer cercano, con toda su ciencia arcaica, tradicional, natural y genuina, con la experiencia traducida por boca de sus viejas y hermosas realidades, vigorosas, mesuradas y sabias hasta el halago y la emoción que el seso universitario resume y engrandece.
La Asistencia Pública que existió entre los antiguos caserones municipal y policial, frente norte antes y ahora de la plaza actual, tuvo un botiquín gratuito que hacía de farmacia, menguado en su provisión y lerdo en su dispensa, que surtía preparados magistrales a los enfermos pobres, y en cuya propuesta valía el arte empírico de un encargado sin mayor ilustración académica ni contemplación por las maneras, conservación y fidelidad por el cuánto y el cómo de los ingredientes. El formulismo, indicación y dosis, era correspondencia del profesional médico del dispensario. Padeció etapas de una profunda injerencia de la política de turno en la manipulación de su resguardo, calificación y discernimiento del consultante. Se inicia en el esbozo original, por 1894, y es reformulada con sutil moderación doce años después.
La primera farmacia de verdad que existió en la zona es de 1930, estaba ubicada en la propiedad de la familia Durán, en la esquina NE de Avda Aberastain y R. Vidart actual, y fue su dueña Dª Lilia Riveros Castro. Parte de las paredes que en este lugar subsisten corresponden a la primitiva estructura de adobes, levantada en 1922, hoy de sus directos herederos en propiedad. Se llamó siempre Farmacia Riveros y tenía una excelente presencia, con abundancia de presentaciones adecuadas, en correspondencia para la época y el entorno pueblerino. Era atendida por ella misma, a quien suplantaba otra persona en sus horas de trabajo como docente. Aquí permanece alquilando, hasta que en 1934 adquiere el inmueble de Maurín y S. M. de Oro, en donde habita y coloca su apoteca en una vieja casa de adobe y buen aspecto, que existió con entrada por calle Maurín hasta 1970, cuando es derruida en su totalidad para dar lugar al edificio donde hoy funciona con su nombre original, que mucho dice y representa. Por entonces, ella ocupaba la vivienda en la misma esquina y al costado este obraba su negocio, al que administró siempre en este lugar.
La señorita Lilia, como se la conocía en el pueblerío, ignorando su doctorado en farmacia en la Universidad Nacional de La Plata en 1922 y su matrícula Nº 1 de San Juan, era una mujer muy hábil, racional, talentosa, temperamental, sobria y precisa en todo tipo de situación médica, social, educativa, guía y asesora, siempre dispuesta hasta el asombro. Todos los adjetivos los acapara ella sola. Pocito le debe un reconocimiento en mérito a su entrega incondicional, y su carácter de mujer inflexible para asumir y enfrentar responsabilidades de vida, en un poblado en formación. Y ni hablar de sus prendas morales, que eran enormes en contraste con su físico menudo y apariencia poco vigorosa. Su biografía forma parte capitular selecta de esta obra descriptiva con justa razón. Fue su ayudante y servidora particular durante muchos años Florencia Suárez, quien la asistía durante el tiempo que cumplía con sus labores docentes en las escuelas Pedro Álvarez -hoy Dr Antonino Aberastain, y aquí mismo-, Miguel M. de Güemes y Héctor Conte Grand actuales. Cumplió también esa labor durante largo tiempo el idóneo Victoriano Cuevas, que alternaba el trabajo apotecario con su amiga y empleadora.
En marzo de 1939, Blas Videla Avendaño inaugura una moderna farmacia en Avda Aberastain y Bvar San Martín de Rinconada, en un terreno de su propiedad sobre el costado oeste de esa esquina. Allí funcionó, bajo el gobierno personal de este facultado académico profesional -que falleció muy joven- hasta el terremoto de 1944, el que decide a sus herederos vender sus instalaciones a Sigifredo González, quien la ubica sobre la misma avenida y calle Buenos Aires, en donde permanece hasta fines de los sesenta, cuando persiste como un botiquín aledaño de corta vida.
El 15 de enero de 1951, el querido vecino y amigo Dn Ismael Barceló Uñac, crea en sociedad la Farmacia de Luján en calle Ing. M. Zalazar 774 (o), la que tres años después reubica enfrente, con un edificio moderno de una elevada concepción estructural y muy completa existencia farmacoterapéutica. Su inapreciable regente durante veinte años fue la Dra Reina Ziegler de Perelmuter. La estructura edilicia de esta farmacia ha sido modificada varias veces en el transcurso de su servicial existencia, adecuándola a la dinámica propia de los tiempos. Tres generaciones desde entonces se suceden en la aplicada atención, sin solución de continuidad para todo el medio social pocitano y un amplísimo entorno. Los prestos e indispensables Alfredo, Estela y Mauricio Barceló, son los dignos proyectores, ya doctorados universitarios los últimos, de esta evolución que motiva la apertura de una sucursal en mayo de 1996, en Avda Aberastain y M. Zalazar, de carácter renovado, práctico y sustancial en lo diverso.
Han existido y existen otras farmacias y botiquines dispersos en lugar y tiempo pocitano, pero su existencia fugaz y poco medulosa anulan otra explicitación.
Es conveniente mencionar a Carpintería y sus alrededores por la evidente necesidad farmacéutica (el momento parece revertir el concepto), amén de otras urgencias, en orden al nucleamiento poblacional, campesino, guapo y pobre, en medio de feraces tierras y escasa complementación asistencial pueblerina básica. Un tema social que excede el discurso y el acotado texto.
En los tiempos actuales se interpreta que un buen medicamento debe reunir y conformar aspectos básicos, como la seguridad psicofísica del mismo, la eficacia comprobada, la calidad continua, el costo razonable y la biodisponibilidad selectiva de su acción orgánica, sujeto a un fino control por los organismos idóneos del estado. Al momento presente, todo el servicio farmacéutico pocitano existente es adecuado, responsable y generoso.
El catálogo de drogas más antiguo que existe es una tablilla de piedra de la antigua Babilonia, tallada alrededor de 1700 aC.
GRAGEAS
He aquí una sinopsis nominativa de la antigua farmacopea y sus laberintos, con específicas indicaciones, cauta posología, esmerada aplicación y misteriosos influjos.
Aguas de anís, aromáticas, azahar, canela, eucalipto, de Hamamelis, de Pachouli, lechuga, menta, tilo, laurel de cerezo; aloes; alquitranes;
bálsamos de Fioravanti, de Opodeldoch, de Perú, de tolú;
benjuí y bentonita; aceites de alcanfor, de belladona, de cade; acónito;
tinturas de: drosera, estrofantina, genciana, ipecacuana, jaborandi, jalapa, lobelia, nuez vómica, quillay, ratania, ruibarbo, vainilla, valeriana, beleño, boldo, cuasia, digital;
polvos de escila, de Dower, para ladillas, de mirria y regaliz, de criadilla;
quinina en sellos y obleas;
sales de sodio y ácidos en innúmeras formas;
extractos y fluidos de capilaria, cáscara sagrada, de cola, condurango, corteza de naranja amarga, helecho macho, llantén, polígala, quina, sen, viburnio;
jarabes de achicoria, cacao, cloral, frambuesa, limón, yema de pino, iodotánico;
licor de Fowler, de Feeling, de Pearson;
lacre y licopodio, goma mirra, gelatina en polvo, hipófisis total, estricnina, esperma de ballena, estigmas de maíz, sales de calcio, potasio, cobre;
ouabaína, esencias de bergamota, anís, cedro, jazmín, mostaza, naouli, pino marino o silvestre, romero, tomillo, canela;
resina de jarilla, eucalipto, hinojo, limonada Rogé, manzanilla bebible, creosota vegetal, diuretina, criogenina, carmín, caolín, diastasa, colofonia, ergotina;
gomas, resinas, unturas, píldoras y piluleros, moldes y tamices, morteros y pilones.
Todo curioso, de un ayer no tan lejano, y más sencillo que el paraminobenzoildietilaminoetanol.
