La plaza pública principal de la Villa es propiamente un paseo por su concepción urbanística, la forestación y el conjunto ornamental que la constituye. Desde su primitivo esquema macilento dibujado en 1885, fue sólo un páramo desolado y expuesto a la disposición natural de los elementos, donde asomaban los herbazales para dar color vegetal al inusual toque del agua rápida y escasa, hasta comienzos de la década del 30, cuando se realizan trabajos de jardinería, implantan especies arbóreas y arbustivas, y se yergue la estatua que será el símbolo de la nueva época. Había sido hasta entonces un céntrico potrero descuidado para los carruajes, donde retozaban los equinos y otros animales, entre el yuyerío y el pasto silvestre estacional que crecía levantisco y sin orden establecido.
El primer proyecto de plaza bien elaborado y expuesto, data del 14 de julio de 1893, con el joven comisionado foráneo Justo P. Castro, quien ya aduce razones de presupuesto para no hacer nada. Será una constante de los tiempos agravada por las redundantes crisis. El espacio original asignado fue de 423 mts de perímetro para una superficie de 11.172 mts2. Existen luego proyectos documentados de modernas trazas en sucesivas épocas, pero quedaron siempre en intenciones. Este concepto sirve para definir en el tiempo otras concepciones teóricas de plazas en diversos barrios o zonas pobladas del departamento, con una pobre hechura, abandonadas del sentido de parquización y mantenimiento utilitario estético y funcional, cuando no al vandalismo y la desaprensión de sus hipotéticos beneficiados.
En 1897 se construyen en rededor las primeras casas bien consolidadas entre aislados ranchos aledaños, y es así porque el año anterior aparecen el edificio municipal con el juzgado y el registro civil adjunto, la seccional policial y la asistencia pública, la iglesia estructurada en su primera fase que se concluye tres años después y el proyecto de escuela. Estas nuevas construcciones de adobes remplazan o se agregan por entonces a las precarias y originales de 1889, que eran sólo tapiales rústicos hermoseados con cal y alguna que otra piedra adicional en su base. De todo este caserío de la época primitiva no queda nada apreciable.
Las calles laterales fueron de tierra común hasta 1953, cuando se le aplica un ligero enripiado con grancilla y laja fina, que no impide la persistencia del tierral levantado al paso de los vehículos de motor.
El riego superficial era poco metódico, y para la procesión de santa Bárbara y el festejo posterior, a las calles circundantes se les aplicaba una apropiada cantidad de hojas y ramas -hinojo, sauce, menta, totora, pasto, yerbabuena, albahaca-, para hacer posible un lugar festivo de paseo y tránsito ambientado a satisfacción y agrado. Existen fotos de ese tiempo que parecen extraídas de un mundo lejano e irreal: el obispo y el párroco con sus mustios atavíos, autoridades de levita y cuello duro con galera incluida, gentes humildes bien trajeadas con mujeres acicaladas, vestidos extravagantes para una sugestiva velada, vecinos y visitantes capitalinos que asistían al festejo religioso anual con ropa de gala, cuando el calor era un suplicio inevitable. Prolijos en al aniversario patrio que tuvo siempre a la plaza como escenario protagónico, y nítidos matices rubricados de tiempo seco.
La plaza -el paseo- es hoy un cuadrado perfecto de 18.200 mts2 alterando el diseño original, con 135 metros por lado distribuidos en 10, 20 y 105 mts para vereda, acera y lateral interno respectivamente, con valores no del todo ajustados. En su periferia se observa un tipo de construcción inmodificada de hace tres décadas o más, con una solitaria excepción, y pequeñas refacciones a viejas paredes en un ceñido intento modernizador. Las veredas circundantes persisten empecinadas de irregularidad desde entonces, groseras de nivelación, con sectores gravosos y deteriorados, por lo que caminarlas en toda su extensión perimetral externa requiere prudencia física y asidero visual. La actual edificación circundante que reviste estructuras antisísmicas, se confunde en el aspecto funcional público con el viejo sistema edilicio de adobe, palo y barro, sin condicionante ni advertencia normativa.
El comercio es desacorde y reservado, envidiando el movimiento vital cotidiano de otros pueblos donde la plaza concentra la actividad principal como núcleo sistematizado, desconocedor de horario, edad y diligencia, para demostrar a diario el reflejo comercial, la dinámica y el solaz pueblerino.
En su periferia fundacional fueron delimitados cinco lotes, con expresa reserva, para el funcionamiento edilicio de municipio, juzgado y registro, escuela, correo e iglesia (determinado en 1853), que a la luz del tiempo actual son los existentes, salvo el correo que nunca se hizo. En una escena distante tuvo su propio alambrado perimetral, de rosetas, para su cuidado práctico según unos y para evitar el ingreso de animales dañinos a los ojos de otros. Al costado oeste de la estatua existió un pozo público profundo de donde se extraía agua para su uso potable y de riego, con sistema de poleas y la clásica roldana. Este pozo perduró hasta el levantamiento del monumento central en 1931.
La flor nunca fue su característica resaltante y esto desmerece al paseandero casual tanto como al depredador causal, al concurso de esporádicos intentos floricultores en épocas estacionales.
Ha sufrido y sobrellevado variadas estructuraciones y arreglos groseros o mínimos desde sus orígenes, pero es fundamental el realizado a inicios de 1930 cuando se hacen los trazados de jardines, paseos, colocan especies arbóreas que aún perduran, así como arbustos y flores, por lo que bien se puede catalogar este curso emprendedor como el nacimiento del paseo. Un año después se erige la estatua -única, enhiesta, hermosa- y asoma a poco la luz eléctrica.
El municipio es el encargado de su remodelación y mantenimiento desde sus inicios placeros hasta el presente, que insinúa revertir un respetable estado de situación que al momento proyecta y urge alterar como una agresión al tiempo histórico, a la Libertad y sus vínculos de paz y guía, esperanza, a los ancestros inermes y al hacedor pocitano originario irrepresentado. La cosa pública esporádicamente es confundida con el estado feudal desde el poder temporario, con maquillajes pseudomodernistas que ultrajan la memoria, la célula de la matriz original, para decidir líneas directrices foráneas con retoques inclinados y ligeros. No es privilegio de casta o de partido; su liviandad afecta las alas enmohecidas que pululan a la hora de las sombras y acallan toda disidencia. Los esqueletos de sus árboles tristes serán testigos de lo que se pudo hacer y no se hizo, como vana política de la antiestética. Hacer una plaza y otra, y otra estatua y otra fuente y otros mástiles, es tarea que honra épocas y gobiernos, con verecundo respeto de sangre naciente a la historia rancia donde el presente ingrese y sea el áureo reflejo del pasado para hacer el porvenir, al decir del barbado sabio.
El miércoles 10 de septiembre de 1941 se inaugura el mástil en la plaza con la presencia de los gobernantes de la provincia intervenida y el comisionado municipal designado Ing. Alberto Petrignani, el cura párroco Pbro Pérez Hernández, el arzobispo de San Juan Dr Audino Rodríguez y Olmos quien bendice el mismo, autoridades escolares, militares, funcionarios y pueblo pocitano. Como un hecho curioso es izada la bandera a media tarde, durante el acto, y arriada poco después. Otra apostilla para el asombro señala que el mástil con su driza fue comprado y donado por los maestros de la zona, y subsiste la placa alusiva. Todo parece hoy increíble.
El pedestal y los trabajos pertinentes fueron realizados por obreros del municipio y la bandera fue donada por la Jefatura Política del departamento. A esta obra la piqueta la hizo nada y olvido un fatídico septiembre último. Desde el conocimiento delegado de la cosa pública no es posible conciliar tiempo y contenido.
En 1960 se colocan ligustrinos, se le aplica grancilla a los senderos, se parquiza un sector con el agregado de juegos infantiles, habilitan dos quioscos esquineros en la vereda oeste, emplazan los bustos de Sarmiento y Aberastain con la presencia de autoridades municipales, escolares y civiles en un acto de homenaje a ambos próceres, y el ente municipal de entonces tiende el primer asfalto perimetral de carácter endeble y estrecho, que dos años después será reparado. Es llamativo que no posea un busto, al menos, del Gral San Martín, prócer de La Libertad universal, con justicia abarcativa a sus paisanos los indios y de los pobres negros, en sus textuales palabras empujadas por las blandas alas del sueño americano.
Las primitivas calles circundantes conocidas como de la Escuela, de la Iglesia, del Correo y Pública son denominadas Roberto Vidart, Santa María de Oro, Uriburu y Maurín a partir de la década infame, al decir de la historia reciente, con un criterio en parte discutible que merece un análisis pormenorizado y esclarecedor desde el aspecto localista cívico y constitucional. Fray José Justo Regis Santa María de Oro y Albarracín, tal su nombre completo, pertenece a otro tiempo y resume otra idea.
El 04 de diciembre de 1971 se inaugura la iluminación a gas de mercurio en toda su extensión, a instancias de la Unión Vecinal de entonces que presidía el autor, la que a su vez organiza la primera Fiesta de la Tierra, que fue una espléndida exposición agrícola, industrial, empresarial y artesanal de toda la comarca pocitana, con amenos espectáculos de danza y canto autóctono, gratuito y abierto para los concurrentes y con excelentes artistas locales -a título de colaboración unos y rentados otros-, que se repite en los dos años siguientes durante una semana y con singular éxito. Al cambiar las autoridades gubernamentales y del ente vecinal, el festejo y la singular muestra dejan de realizarse por siempre.
La plaza de la villa no ha sido lugar de resonancia pueblerina de graves acontecimientos en orden institucional, político, social, regional o nacional, ni sitio de expresión cultural regular de la comunidad, del festejo deportivo circunstancial ni del fenómeno mediático organizado por el sistema superficial y popular especulador de las últimas décadas. Una muestra bien centralizada de palidez y abreviación para la pasividad y el desencanto, con matices de pintura pueblerina en lo asociativo y trascendente, desdice con desazón el principio ciudadano helénico de su existencia. Un imposible cierre esquinero con postes y alambrado romboidal corralero resulta inverosímil.
Desde el 12 de agosto de 1990 se la conoce como Plaza de la Libertad, por una ordenanza del gobierno municipal de entonces -discutida, resuelta y ordenada dos años antes-, y así está escrito en una placa visible en el suelo y a la derecha de la estatua. En verdad ya se lo conocía por ese nombre desde su origen, aunque no fue explicitado en escrito oficial alguno. Hay epígrafes ordinarios que así lo aseveran. Existen además otras placas de bronce, expuestas al vandalismo último de los tiempos, que remiten a conmemoraciones recordativas de la patria y sus próceres epónimos. Por entonces se realiza una profunda modificación estética y funcional de sus espacios, eliminando especies envejecidas y zonas penumbrosas, completando el empedrado de todos los senderos con piedras lajas muy desacomodadas (iniciado en 1972 en la mitad norte), junto a la construcción de cordones callejeros en todo su entorno, se renuevan ejemplares -muy inadecuados- y plantas florales con gramilla mejor distribuida, nuevos bancos, agregado de otros juegos infantiles, acondicionados en parte, y la construcción de la piscina con atisbos de fuente iluminada y burbujeante que rodea la estatua con resultado estético frustro en la ideación y en la práctica. Vuelan sus espacios y senderos verdes.
En los últimos años se agregan dos paradores de ómnibus, repavimentan sus calles en buena forma con señalización de las mismas, construyen dos nuevos quioscos, se realiza mantención adecuada con preservación de la chipica bien arraigada y se colocan basureros. Los daños vandálicos ocasionales a su patrimonio son moneda corriente por parte de jóvenes huecos y desubicados en un mundo opaco, confundido de imagen y cortedad de luces.
Plaza deriva del latín platea, y significa espacio abierto en una población. Este vasto espacio denominado ágora -reunir, juntar- en la antigua ciudad griega, era el lugar de trato, asamblea, mercado, feria y fiesta pública. El concepto se mantiene en la historia, y es objetivo aún en las viejas ciudades y pueblos medievales europeos, donde en la plaza se viven las situaciones comunitarias y deciden los acuerdos nimios, eventuales o importantes de un ayuntamiento. De aquella raíz derivan placer, plácido, plática, playa, placentero, entre otras acepciones.
Es lamentable que no existan plazas nuevas o viejas dignas de destacar, en los barrios y poblaciones distantes de la villa cabecera del departamento, por falta de percepción pueblerina y dirigencial al rescate de su valor comunitario atendiendo aquella vieja usanza histórica.
Idealizada, la plaza muestra la mejor expresión del negocio vecinal y democrático de una población, que se diferencia de un paseo, por cuanto este representa el recreo, la ambulación gozosa y el lirismo placentero del lugar ajardinado para la distensión y el ocio, que significa pensar. Así la vivió y entendió la mano tutelar de Carmelo Panetta, su infaltable diario caminante y pensador mientras dirigió la intendencia.
El apacible paseo central del departamento, que adquiere expresivas connotaciones comunizantes sólo durante los festejos patronales, no es visto ni apreciado por el habitante vecinal de modo convenido, usual y familiar, ni genera convocatoria festiva y popular por parte del gobierno comunal, a pesar de su perfecto acondicionamiento, la libertad que alienta desde el fondo de la historia y el idílico encanto de la planta, el juego de los niños y el holgar, para exteriorizar la tímida sensibilidad conjugante de interés para el quehacer comunitario y social con agasajo de integración cívica y evolución. Durante décadas ha sido objeto de anuales atropellos provocados por festejos organizados por la comuna asociada a la parroquia, con resultados nefastos para su función específica y daños sólo reparables en orden estructural, amén de afectar casas y negocios vecinos por falta de servicios y espacio libre adecuado. La atracción la suscitan ritos, procesión, juegos y artistas de moda que pasan raudos, dejando una grosera secuela de estropicios que pocos advierten por desprejuicio o interés amonedado y sin perspectivas de pronta corrección, como una premonición del porvenir distorsivo caótico y antisocial, quizás cercano, triste en valuaciones doctrinales y de la cosa pública.
En las viejas ferias de los viejos pueblos estos muestran su cara, sus valores, la cultura regional, su vida y sus costumbres, a quienes se acercan extrañados con el ánimo predispuesto para observar, apreciar y participar de la alegría lugareña. Pero la evidencia comunicacional difunde, hoy como nunca, el arte-negocio itinerante de unos pocos gritones bien iluminados con escándalo de multitudes. La belleza de la sencillez, el canto, el trago, el rito del trabajo puro y amarrado tiene un encanto sabio y eterno, porque la tierra enseña y necesita mostrar su raíz con flores diarias, piedras, escena y abrazos pensados cerca.
LAS PLANTAS
El paseo ofrece plantas muy bellas con algunas originalidades para su contemplación, recreo para la fina agudeza y agradable bienestar. Son arbustos el jazmín amarillo, los azareros y evónimos, la escalonia, el laurel de la corona, la tulla enana, la penca o pita, la corona de novia.
Posee además árboles de buena apariencia como el cedro azul, casuarinas, damasco, pinos lustrosos, ceibos, algarrobo europeo y criollo, alcanforero, palta, araucaria, además de palmeras, plátanos, palo borracho y paraísos. No todos tienen cartel indicador, que es ilustrativo, atendiendo el mejor criterio conservacionista y conteniendo el espíritu predatorio generalizado de sus paseantes más habituales.
Se percibe la ausencia de la flor con jardinería temporal y renovada, algo injustificable, aunque resulta comprensible atento a lo expresado. La belleza de su flora interior contrasta con el arbolado perimetral que es inadecuado, ramoso débil y deplorable por su aspecto, especie y conservación. Como en toda la floresta urbana y pública, no existe la poda anual uniforme y metódica que adorna y robustece las plantas y el paisaje.
Mención especial para el sufrido magnolio existente detrás de la estatua desde el 4 de diciembre de 1950, cuando se exorna con una reja y coloca una placa alusiva. Quedan sólo el recuerdo y el vegetal.
Es esta una planta -magnolia grandiflora en las ciencias- de intensos verdes y rojos en sus persistentes hojas de brillo aceitoso, hermosas flores grandes, aromáticas y blanquísimas en su hábitat tropical natural
-ambiente húmedo, tórrido, con el suelo blando y permeable- pero que no admite los rigores cambiantes de este clima seco con frío y calor extremos, y menos aún rodeada de cemento con riego irregular. Es un fenómeno admirable la pertinacia para aferrarse a la vida, en condiciones tan adversas, de una bella planta siempreverde desconocida para nuestro medio forestal y humano. Calle Once arriba, en una finca privada, sobreviven tres ejemplares plantados siete décadas atrás que lucen bien y es apreciable su temporada de aroma y bellas flores.
Otra curiosidad es el alcornoque, que clama luz y aire al cielo entre sus arbóreos vecinos en la esquina sureste del paseo. En esa búsqueda adquiere una altura axial desmesurada y penosa. Esta planta europea -el árbol del corcho, denominado quercus suber en fitología y que algunos vecinos conocen-, en su medio natural da bellotas de septiembre a febrero como la encina, florece de abril a mayo, se la descorteza cada diez o doce años adquiriendo el tronco y las ramas un bellísimo color canela, forma extensas zonas boscosas, las que se cuidan y protegen como materia básica de una industria única y selectiva en lo regional, vive más de quinientos años, su madera es muy dura y útil, las hojas son persistentes y es un árbol de carácter endémico en la zona mediterránea occidental de la península ibérica. Se reproduce por almácigas y transplante, que es delicado; necesita anchura, sol, aire y riego superficial espaciado en suelos como este. Existe otro ejemplar en buen estado en el Bvar San Martín de La Rinconada, pero no da bellotas el uno ni el otro, pues requiere la cercanía de otros alcornoques para la imprescindible polinización, a pesar de poseer flores bisexuadas.
Bueno es decir que el árbol más frondoso y alto vive de lo que tiene arriba y debajo, su cáscara actual refleja sus nutrientes interiores, y la savia vivificante de su madera, el modelable círculo del tiempo.
LA ESTATUA
La libertad y la verdad residen en el esfuerzo común para conquistarlas, y este viejo pensamiento es aplicable para entender el curso existencial de la soberbia estatua que luce la plaza.
Federico Augusto Bartholdi (1834-1904) fue un arquitecto y artista francés a quien le fue encargada la realización de un conjunto escultórico, “La libertad iluminando al mundo”, por una entidad privada francoamericana de comercio para ser obsequiado a los EE UU con motivo del centenario de su independencia. El escultor se inspira en un observado trabajo marmóreo grecorromano existente en una iglesia parisina, y concluye el propio en 1876, que resulta una obra muy pequeña para el criterio de su mandante. El rostro de la escultura dice ser el de la madre o bien la esposa del artista, sugiere la fuente oral parisina, pero lo innegable es su fisonomía griega, clásica y bien resuelta. La misma está colocada hoy en los jardines del palacio de Luxemburgo de París, y en el libro de bronce que sostiene su brazo izquierdo está inscripto “13- XI- 1889”, que es un agregado posterior.
Decide el escultor realizar otra obra, similar pero once veces mayor que la original, concluida en 1884, siendo trasladada e inaugurada por el presidente Grover Cleveland el 28 de octubre de 1886 en la isla Ellis (Bedloe luego y hoy Libertad) de la bahía de Nueva York, con diez años de atraso respecto a la fecha motivo del homenaje.
Luce ahora 46 mts de altura, a lo que es necesario agregar otro tanto del pedestal de cemento ideado y construido por los neoyorquinos, y en el libro que sostiene su brazo se lee ahora: “4 de julio -1776- Declaración”. Para el centenario, en 1986, es restaurada funcional y sustancialmente.
El complejo interior de la estatua es ideado por Gustavo Eiffel, cuyo estudio empresarial erigirá la torre parisina de su nombre. Sobre el mismo diseño, el ampliado taller empresa de Bartholdi realiza otra copia vaciada en bronce, pero de doce metros de altura, la que es colocada y observada hoy sobre un puente del Sena en el sur de París.
Fue tan conmovedor el asombro entusiasta ocasionado por su belleza, simbolismo y esbeltez artística libertaria, que la Unión Franco Americana de Comercio, estimulada por el curso promisorio de los acuerdos mercantiles con nuestro país, decide su agasajo con motivo de la celebración argentina del Centenario de la Revolución de Mayo y ordena a la empresa, pues el artista ya había muerto, una nueva estatua para el puntual obsequio a la Argentina. Es desembarcada en Buenos Aires poco antes del aniversario, y por una razón que desconcierta o no, en orden al designio inescrutable del argentino desorden, la misma no es emplazada en lugar alguno y permanece en un depósito portuario durante un tiempo. Para los festejos del centenario a la ciudad puerto le sobraron obras de arte y proyectos, dinero y ostentación para mostrar al mundo la opulencia de sus pampas henchidas, su oligarquía europeizada y, de paso, ocultar las miserias interiores que tan bien describió Bialet Massé en su célebre informe de esa época.
En forma arbitraria, esta pequeña estatua a los ojos de la metrópolis, es enviada a San Juan en 1910 (quizás a instancia de Angel D. Rojas) y ubicada sobre un mínimo pedestal en el incipiente Parque de Mayo. Ocho años después se la moviliza -sin motivos expuestos, pero son ostensibles los políticos de la época- y queda en un depósito capitalino hasta 1928, cuando el secretario municipal del departamento solicita su cesión y traslado a la Villa Aberastain, que sin demora le es concedido y ejecutado. Se suceden los trámites relacionados con su erección, forma, erogación y emplazamiento adecuado, con la solícita cooperación de la empresa ferroviaria y una poderosa draga que traslada y ubica la hermosa mole en su enhiesto pedestal, que soportará inconmovible cuatro sismos sin daño alguno. Existen fundamentos orales, sin constancia escrita a pesar de la búsqueda personal realizada, de la preocupación y planeamiento de la obra por el Ing. Marco A. Zalazar, lo que es plausible dada la inserción social y la idoneidad profesional del afanoso pocitano quien era, a mediados de 1930, Director General de Obras Públicas de San Juan. Es factible incluso hasta su preocupación y trámite subsiguiente para trasladar la ofrenda escultórica, en 1910, desde el puerto de Buenos Aires hasta la capital sanjuanina.
La obra es inaugurada la mañana del jueves 09 de julio de 1931 con un acto patrio muy emotivo y excepcional, considerando la ostentosa magnificencia de su ubicación en un pueblo en formación y sin mayores atributos. Es curioso resaltar que ese día especial no fue recordado en ningún otro lugar de la provincia. Asisten el interventor provincial Dr Celso Rojas, el arzobispo Dr José A. Orzali, el comisionado municipal Josué Furque, el secretario impulsor y decisor Manuel Coronado Vicario, el ingeniero Zalazar, autoridades militares, civiles y escolares, amén de un vasto sector reconocido de la sociedad sanjuanina y pocitana toda. Se canta el himno nacional, con los arreglos realizados por Juan Pedro Esnaola en 1860 (casi una recreación total), aceptados por el poder ejecutivo como himno nacional argentino en marzo de 1900, impuesto por decreto del presidente Alvear el 25 de septiembre de 1928 y oficializado por decreto de un gobierno de facto, el 24 de abril de 1944, con los arreglos definitivos del maestro Juan Serpentini, y que es el himno nacional argentino actual. En la resumida circunstancia resultaba tan extraño como la ilustrativa síntesis poco conocida.
Como corolario de tan magno acontecer, esa tarde se realiza un té danzante en el patio del edificio municipal, amenizado por el piano de Enrique Gelusini y otros espontáneos participantes. El baile fue organizado por el Lawn Tennis Club Aberastain, con motivo de la coincidente inauguración de sus canchas deportivas en terrenos propios, frente al hospital de hoy. En los diarios de la época no sale una sola línea escrita sobre el acontecimiento, lo que representa una actitud egoísta y bien significativa de la prensa libre ideologizada y personalista.
Esa semana el pan se vendió a 0,25 ctvs, el vino de traslado a 0,15 ctvs, el dólar a 3,21 $ y la £ a 15,64. El kilo de uva se pagó a 0,10 ctvs y un peón rural sudaba por 3 $ diarios, con suerte y de sol a sol.
A la estatua se la ubica mirando al norte pues se interpreta que así observa y guía a las autoridades del gobierno municipal, la fuerza policial y la justicia, con una mirada larga, tozuda, inmortal. A su influjo y a su sombra: héroes y mártires, brazos y cerebros. Es de considerar este aspecto tan elocuente y respetable de su óptica, que aviva y despierta el poder, el orden civil y la integración jurídica. Esta puntual visión enorgullece y califica en exclusiva sólo a esta original y bella composición de plaza en el país argentino todo, y la escultura libertaria llora y sufre si eternamente no preserva la vista, el simbolismo y la belleza… ¡Has de llorar, mujer!
La hechura de bronce muy bien aleado y de excelente factura, aprueba su existencia casi centenaria sin proceso restauratorio alguno, pero que una precisa observación dice de su pronta necesidad, el que en caso de realizarse requiere de una mano conocedora del metal y su entraña particular. Mide 3,80 mts de altura y el pedestal otro tanto. El basamento ha quedado inmerso en una fuente en forma extraña, con un cuestionable sentido de licencia y función, y su luz superior no siempre se libera e ilumina.
En estos días se descoloca el conjunto artístico frente a nada y de espaldas a todo, como una pintura del tiempo y de la fuerza montada en la circunstancia. Después de todo, como tanto simbolismo de vida inentendido, la libertad no es un valor estático ni perdurable. Noli me tangere implora… Y una niña que recita, parafraseando a la revolucionaria franca… ¡Libertad, cuántos desatinos se cometen en tu nombre!
En la placa de ángulos superiores recortados que sostiene su brazo izquierdo, se observa el escudo nacional argentino en relieve, y bajo él se lee ´Centenario –1910´, que desdice un equívoco destino puertorriqueño que no tiene motivo ni celebra luego nada, aún hoy, pero es un error que a fuerza de repetido con liviandad es aceptado como verdad, incluso con carácter oficial. Es de recordar que la causa de su envío era agasajar al pueblo argentino con motivo de la conmemoración del centenario de la Revolución de Mayo; aquella que origina la lucha por la libertad y la emancipación americana de San Martín y sus negros. Desde su construcción y hasta ahora no ha sido modificado su primigenio perfil escultórico con agregado o extracción alguna.
Con el brazo derecho levanta la simbólica antorcha al cielo; viste el jitón, la tradicional túnica griega larga y sin costuras; lleva una corona de siete rayos anterolaterales que proyectan su espíritu liberal al mundo todo; tiene rasgos fisonómicos y corporales hombrunos, helénicos y bellos, y representa el ideal romántico renacentista y universal, que es a su vez el de la paz, el pensamiento y la libertad. Una utopía humanista y quizás por ello grisácea en los orines del tiempo…
EL PASEO
Hogar de árboles Buscando el rumbo
con pajaritos, de amor sin nombre
la plaza obsequia resulta el templo:
niños y gritos. he ahí el Hombre.
Las calles viejas ¿Adónde Dios
de viejas tierras, trazas tu vena,
con gris asfalto hoz misteriosa,
historias riegan. tu mano buena?
Allá en lo alto Hay un comercio
la Libertad cuenta dineros
late con sangre y en las esquinas
de Aberastain. vasos y juegos.
Cuando la estatua La antigua escuela
su luz libera, ya centenaria,
figura y genio, flores y frutos,
sol y bandera. razón y alas.
En un sendero Sumisas torres
de cara al tiempo, hoy sin campanas
como en la vida, dicen las voces
vive Sarmiento. de la mañana.
Camino al norte Hunde la noche
municipal, luces al cielo,
gobierno cívico entre la fronda
y autoridad. llueven desvelos.
Niño y columpio Verde latido
son el detalle, cuenta la plaza,
quioscos blancos, hojas de siglos,
nidos y árboles. risas del agua.


POCITO una tierra de oportunidades… en realidad es muy lindo,tiene muy lindo paisajes y la gente es muy buena… yo vivi en pocito 10 años y en ese tiempo la pase muy muy bien si alguna vez volveria seria para simpre… aprobecho para decir a “facundo nahuel araya” fuiste un gran amigo simpre te recordare